Durante esta primavera 2006 se observan algunos cambios importantes en la situación internacional. Las elecciones presidenciales en América Latina – Nicaragua, por ejemplo, donde Daniel Ortega lleva chances de ser elegido presidente o Brasil, donde el presidente Luiz Inácio Lula da Silva recompone su ranking en encuestas (si bien es sabido que las encuestas son válidas sólo un momento y que es difícil otorgarle carácter predictivo) luego del sorpresivo aumento de la votación de Geraldo Ackmin. También Ecuador se prepara para una elección que se ve ajustada y que podría pasar a ballotage. Y en Venezuela también se preparan elecciones.
Una vez superada la incertidumbre regional electoral se presentarán mejores condiciones para reforzar políticas nacionales de entendimiento regional, lo que es de gran valor para países pequeños como Chile cuyo singularísimo modelo de desarrollo y político complica a veces su visión de las relaciones regionales. La bonanza económica del país podría contribuir a reforzar su integración a la diversidad política y cultural regional y llevarlo a revalorizar la política de entendimientos.
En este contexto, las elecciones en Estados Unidos son decisivas. Las midterm elections son una ocasión de cambio de la balanza política entre republicanos y demócratas. Las encuestas recientes hablan de un incremento de las opiniones a favor de los Demócratas luego del reciente escándalo que sufren los Republicanos y que debilita el apoyo del electorado más conservador . También el empantanamiento político y militar de la invasión de Irak ha irritado a la opinión pública. Estimaciones recientes hablan de más 600 mil víctimas irakies.
Pero aún si los republicanos lograran conservar su mayoría, durante los dos próximos años el gobierno Bush no podrá seguir gobernando cómo si Estados Unidos fuese un país de partido único. Esa ha sido una larga situación de excepción que afortunadamente ahora vive sus últimos meses. Si la crisis abierta por Corea del Norte no se agrava – y los demás conflictos tampoco, en los próximos meses (en el norte enero y febrero son meses activos) la situación internacional vería la retirada de las posiciones neoconservadoras, las que han llevado a Estados Unidos al inaudito extremo de utilizar prácticas abiertamente repudiadas en el plano internacional como es el caso de maltrato, traslado internacional clandestino y tortura de prisioneros.
En América Latina tenemos la propensión a dramatizar y magnificar, en una tribuna ideológica local, desencuentros y conflictos de intereses políticos regionales - por sobre una debida práctica de buenas relaciones. Y eso trae – en nuestro caso - confusión en la política interna y desdibujamiento de los objetivos de la política exterior. Un mejoramiento de las condiciones internacionales ofrecería sin duda una ocasión privilegiada para recomponer lazos de entendimiento regional.
Una vez superada la incertidumbre regional electoral se presentarán mejores condiciones para reforzar políticas nacionales de entendimiento regional, lo que es de gran valor para países pequeños como Chile cuyo singularísimo modelo de desarrollo y político complica a veces su visión de las relaciones regionales. La bonanza económica del país podría contribuir a reforzar su integración a la diversidad política y cultural regional y llevarlo a revalorizar la política de entendimientos.
En este contexto, las elecciones en Estados Unidos son decisivas. Las midterm elections son una ocasión de cambio de la balanza política entre republicanos y demócratas. Las encuestas recientes hablan de un incremento de las opiniones a favor de los Demócratas luego del reciente escándalo que sufren los Republicanos y que debilita el apoyo del electorado más conservador . También el empantanamiento político y militar de la invasión de Irak ha irritado a la opinión pública. Estimaciones recientes hablan de más 600 mil víctimas irakies.
Pero aún si los republicanos lograran conservar su mayoría, durante los dos próximos años el gobierno Bush no podrá seguir gobernando cómo si Estados Unidos fuese un país de partido único. Esa ha sido una larga situación de excepción que afortunadamente ahora vive sus últimos meses. Si la crisis abierta por Corea del Norte no se agrava – y los demás conflictos tampoco, en los próximos meses (en el norte enero y febrero son meses activos) la situación internacional vería la retirada de las posiciones neoconservadoras, las que han llevado a Estados Unidos al inaudito extremo de utilizar prácticas abiertamente repudiadas en el plano internacional como es el caso de maltrato, traslado internacional clandestino y tortura de prisioneros.
En América Latina tenemos la propensión a dramatizar y magnificar, en una tribuna ideológica local, desencuentros y conflictos de intereses políticos regionales - por sobre una debida práctica de buenas relaciones. Y eso trae – en nuestro caso - confusión en la política interna y desdibujamiento de los objetivos de la política exterior. Un mejoramiento de las condiciones internacionales ofrecería sin duda una ocasión privilegiada para recomponer lazos de entendimiento regional.
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