Es una situación que he revisado a menudo: es generada a veces por artículos de prensa o por una declaración o una alusión política - no logro entender las razones por las que nuestra elite política ha convertido al presidente venezolano Hugo Chávez en un factor de la política interna. (Si por un momento dejamos de pensar sólo en el voto en Naciones Unidas)

Durante estas semanas es indudable la presencia del presidente venezolano en el país. Se trata, sin embargo, de una producción local de dicha presencia. La política local ha convertido a Hugo Chávez en un factor interno – es cosa de ver los diarios y las declaraciones de parlamentarios, dirigentes políticos y gubernamentales, de la Concertación y de las derechas – y por un segundo uno podría creer que han logrado crear una imagen holográfica del presidente Chávez, y que por ese medio está a la vez aquí y en Caracas. Pero se trata de un evento artificial, de una construcción virtual, un artefacto. Se busca un adversario y se lo ha ido a buscar a la República Bolivariana. El ex –embajador se salio de protocolo – ciertamente- al hablar sobre política interna – en un contexto discursivo local en el que Hugo Chávez ya era un tema cotidiano permanente.

Inquietudes políticas que no aparecen sin embargo cuando se trata de la visita del líder del Partido Popular español, el Sr. José María Aznar. Se trata de un político influyente, que si bien no está en funciones gubernamentales, es sin duda un actor de la política española e internacional. Después de todo, J.M. Aznar, el presidente Bush y el primer ministro Blair acordaron el inicio de la invasión de Irak. Pero, en este caso, casi todos se muestran complacidísimos por su visita. Es pertinente recordar también que en el reporte de la corte electoral mexicana que dió respuesta a las querellas de López Obrador, se menciona en forma explícita la intervención improcedente - que realizó allí el líder del PP español.

Elegimos democráticamente una presidenta cuyos orígenes de izquierda no es un misterio para nadie. Y la Concertación agrupa también diversas sensibilidades de la izquierda chilena. Y sin embargo, pareciéramos desplazarnos hacia políticas sanitizadas según las cuales – se podría pensar - todo representante de izquierda tradicional,nacional o latino americana, pareciera estar más bien fuera de contexto. Si no fuese por el prestigio internacional de la Presidenta Bachelet, pensaría que el país pasa por una etapa de problemas hamletianos de su identidad sudamericana.

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