La sorprendente declaración de la presidenta Michelle Bachelet sobre las complejas circunstancias económicas por la que atravieza el país – fue realizada casi al pasar.
Pero, para identificar mejor su nucleo complicado es útil separar el fondo de la forma.
Afirma que el país no se encuentra en crisis económica. Es un punto debatible. Si no fuese por las ventas de cobre a China y a otras grandes economías que mantienen elevadas tasas de crecimiento – probablemente estaríamos en crisis. En todo caso, la persistente tendencia al bajo crecimiento y a la inflación es inquietante.
Pero más sorprendente es la segunda afirmación. La presidenta, en un extraño pasaje de su declaración – señala que quienes afirman o insisten en que hay crisis (sospecho que me cuento entre ellos) dañarían al país.
Por supuesto la Presidenta es libre de decir su opinión - desafortunadamente cree que la crítica, en especial aquella relativa a la crisis, daña al país. Pero también son libres de manifestar su opinión quienes difieren en el tema de la crisis. Sorprende su descalificación de la crítica. No esperaba esa argumentación. Podría ser síntoma de una propensión restrictiva en el entendimiento del debate político. La imagen internacional no debiese ser motivo de censura al debate interno.
