Asombra a quienes hoy llevan en el alma un familiar, amigos/as o compañeros/as que sufrieron en manos de la dictadura – la extraña manera con que la diputada Sra. Rubilar, presidenta de la comisión de derechos humanos de la cámara, trata los problemas surgidos por el hallazgo de personas que figurando como desaparecidas en realidad no lo eran. Lo ha hecho de tal forma que ha transgredido sentimientos – ha olvidado que conmociona a muchas familias.
Me parece una cruel ironía de la historia y de la democracia actual en Chile que una representante de la derecha ejerza tan importante función simbólica de forma transgresora justamente en el tema de la comisión de derechos humanos.
En los casos de genocidios, de crímenes de lesa humanidad, se requiere de las derechas cuidar aquella violencia ideológica de su lenguaje que hoy para algunos puede parecer reminiscencia simbólica pero que en dictadura significaba sufrimiento y exterminio.
Una violencia del lenguaje que Harold Pinter, nobel de literatura fallecido en estos días, supo identificar y dramatizar en su obra, como lo señala Ariel Dorfman en el texto dedicado ahora a su maestro y amigo Pinter.
La ética que se desprende del drama humano tiene antecedentes en la Alemania después de Auschwitz –Birkenau lugar donde también se trataba del exterminio y la desaparición.
