Texto editado originalmente en Transiciones.
Dado el reciente impacto de los casos de malas prácticas en Chiledeportes resulta sorprendente la nota obtenida por el país en el reporte de Transparencia Internacional. Parece más bien una ironía con un dudoso sentido de la oportunidad y de contenido subjetivo. Al no detectar a tiempo la posibilidad de malas prácticas ha sobrestimado la posición del país.

¿Es necesario recordar que el país ha pasado por varios capítulos difíciles asociados a malas prácticas en el Estado en los últimos años, de amplia repercusión política?.

Uno de los efectos secundarios, pero no menos dañino, observables en diversos casos de corrupción en el plano regional e internacional, es la facilidad con que la emergencia de la corrupción desvirtúa la atmósfera política de los países afectados, atrapándolos en una lógica negativa.

En los casos más extremos el debate político cede lugar a una instrumentalización del problema que, por lo general, tiene el sorprendente efecto de sacar – a su vez – provecho personal o partidario de la situación, con argumentos políticos reales o ficticios.

La pregunta es si una politización abusiva del tema - que afecte o inhiba las políticas anticorrupción - no significa un mayor daño que el provocado por el caso mismo. La experiencia internacional muestra también otra simple lección – una vez que se hace de este tema un motivo de lucha política por intereses inmediatos, ésta dificulta el pronto restablecimiento de las buenas prácticas en las instituciones del Estado afectadas.

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