Hace sólo un par de horas que el gobierno ha obtenido que el Senado apruebe el presupuesto extraordinario de US$ 290 millones para el Transantiago.
Es un monto extraordinario de dinero. Será interesante observar las indicaciones incorporadas por los Senadores al proyecto original - parecen todas estar dirigidas a asegurar el control parlamentario sobre la ejecución del gasto. Y con razón. El riesgo de que tal presupuesto sea improductivo es muy alto. Pues hasta el momento, el gobierno ha conservado el esquema original del Transantiago. No tiene - al parecer - la fuerza política para transformarlo, todo el esfuerzo parece estar dirigido a que este funcione.
Transantiago se está transformando en un caso de estudio - ha sido hasta ahora un fracaso y sólo la persistencia del gobierno lo salva. Pasará a ser uno de los proyectos más caros e ineficientes.
Es éste un indicador de que la institucionalidad de Estado no está en condiciones de enfrentar expectativas de un desempeño de razonable calidad así como los nuevos desafíos del país. Se trata de un problema que va más allá de las deficiencias políticas y de gestión del gobierno. Al Estado chileno parece haberse atrasado, da muestras de falta de experticia para dar cuenta de estos grandes desafíos así como también de una enorme falta de capacidad de autocrítica, un factor que - de existir - podría permitir un mejoramiento. Al mismo tiempo, durante esta década, parece haberse dislocado, estresado por los problemas anteriores de la corrupción y mala administración - estilo MOP-Gate. Por eso, estos programas resultan tan caros. La ineficiencia puede incluso ser aún más cara que la corrupción.
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